Una aburrida versión de la fantasía cientificista (transhumanista, Illuminati, o como le quiera llamar) de
la inmortalidad de la mente alcanzada mediante la transferencia de
datos a una computadora., lo cual en cierta forma equivaldría a la
inmortalidad humana, porque pasa a un plano diferente.
Ya
estamos viendo que hay películas y series que venden ese mismo tipo
de mensajes, por mencionar un ejemplo, cuando Sheldon Cooper, de The
Big Bang Theory se ve sobrepasado por un joven coreano, él dice que
jamás sería superado sino hasta el momento en el cual se pudiese
pasar la mente a un robot, o en películas como Sexto Día, de
protagonizada por Arnold Schwarzenegger, en la que a él le logran
hacer un clon exacto porque lograron copiar su mente, la película
Lucy y otras por el estilo.
Tenía
más expectativas respecto a esta aburrida entrega, puesto que venía
anunciada com producida por los mismos creadores de Sector 9, y
Ellysium, las cuales tienen altas cargas de crítica social y
metáforas sobre un futuro posible. Esta entrega me hizo añorar la
vieja película ochentosa Corto Circuito, en la cual un robot,
concebido para ser una máquina de guerra, adquiere conciencia e
incluso termina luego asumiendo ciudadanía norteamericana.
Lo
más triste de eso es que el antagonista de la película, un
científico oscurantista que quiere hacer que activen una máquina
controlada únicamente por la mente que él ha creado, pero que nadie
la quiere ni regalada, actúa como un ludita de cuando en cuando y se
santigua un par de veces, es decir, una señal católica allí mal
empleada como quien invoca algo supersticiosamente y no con su
sentido real, ¿qué quieren decir con eso? Obviamente es una velada
acusación de que la religión católica es un atraso.
El
hilo narrativo parte de un científico “genio” con rasgos
indianos crea un software con el que logra darle conciencia a un
robot. A partir de eso, se convierte en el “Creador” para el
robot”, pero muy inteligentemente lo deja en manos de pandilleros
¿qué no es inteligente?, con la intención de volver a seguir
enseñándole cosas (repito, lo dejó con pandilleros). Aunado a eso,
el robot tiene un detalle, tiene un defecto que supuestamente
acortará su “vida”, puesto que el científico activó su
conciencia en un robot descartado de inventario.
Luego
el científico se da cuenta de que lo que ha hecho sobrepasa sus
expectativas y surgen diferentes cuestiones alrededor de esto, entre
ellas que el robot toma sus propias decisiones, y se llega a enfadar
con su “creador” por haberlo activado en un cuerpo que pronto
morirá.
La
mejor forma de resolver la cuestión es encontrar la forma de
transferir la conciencia, luego empieza a desdibujarse el hilo entre
la muerte corporal y su significado y la transferencia que
supuestamente borra ese punto, todo eso en un muy aburrido e
infantiloide hilo narrativo.
Tenía
para dar más, pero terminó haciéndome añorar más a Corto
Circuito, a la nueva Robocop, y a las viejas caricaturas de Astroboy.
No vale la pena verla en cine, a menos que usted esté metido en esto
de leer sobre las metas cientificistas de muchos grupos de poder,
entre ellos los famosos Illuminati y quiera tener un punto de
conversación para sorprender en una fiesta y pasar por alguien muy
inteligente cuando hable de ello.
Maiquel Yojáinder Machado Palmar, periodista / crítico de cine
Publicado inicialmente en la revista Familia Cristiana, Digital, de la Sociedad de San Pablo de Venezuela #SociedadDeSanPablo en marzo de 2015

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