Basada en una de tantas leyendas sobre la Iglesia Católica, en la
que se dice que hubo una mujer que llegó a ser papisa, conocida como
la “papisa Juana”, a raíz de la cual todo nuevo papa, por
tradición debe sentarse en una silla donde le queden sus partes
nobles expuestas al tacto de varias personas que deben pasar, tocar y
decir “aquí hay papa para rato”, nos llega esta película, la
Pontífice.
Lo
primero que hago cuando alguien me refiere tal historia es, además
de pedirle que me diga cuál es la prueba fehaciente de tal hecho, es
preguntarle cosas como: ¿Sabías que Gregor Mendel era un monje?
¿Que quien elaboró la teoría del Big Bang era también un
religioso? ¿Que la Iglesia cuenta con uno de los observatorios más
grandes del mundo? ¿Sabías que en la Edad Media fue la Iglesia
Católica la que hizo surgir las universidades? Todas estas preguntas
como preámbulo a mi pregunta de si realmente creen que este tipo de
paparruchas sin fundamento y sobre todo en la existencia de una
prueba tan absurda como esa.
Con
respecto a la película como tal debo decir varias cosas: Creo, y no
sé si es porque estoy demasiado acostumbrado al cine norteamericano,
que el primer pecado de esta producción es el de ser demasiado lenta
y explicativa, lo cual la hace verdaderamente aburrida en muchas
escenas.
El
segundo: Ya es fórmula probada que el escándalo causa buen impacto
en la taquilla, pero como dijo Jesús hace más de dos mil años: Al
que haga caer a uno de estos pequeños que creen en Mí, mejor le
sería que le amarraran al cuello una gran piedra de moler y que lo
hundieran en lo más profundo del mar. ¡Ay del mundo a causa de los
escándalos! Tiene que haber escándalos, pero, ¡ay del que causa el
escándalo! (Mt
18, 6-7).
Es
cierto que en la Edad Media la Iglesia tuvo algunas horas negras,
pero en esta Edad fue cuando el Esplendor de esta institución hizo
nacer a la sombra de sus catedrales a las Universidades actuales, así
que, poner al Papa tan bruto y desubicado, no resulta creíble nunca,
sobre todo, porque en aquel momento el Papa gozaba de mayor poder e
influencia, mantenerse en el poder era difícil, siempre lo ha sido,
pero en ese momento había un juego de intereses mucho más profundo.
Toda
manifestación religiosa durante la película es presentada como
oscurantista, los religiosos aparecen como desubicados y
desconectados de la realidad, o amantes del poder y capaces hasta de
matar por obtenerlo.
Tal
y como lo comenté en “La otra mujer del Rey”, existe ahora una
tendencia a querer reescribir la historia de Europa dejando de lado
los grandes aportes que ha hecho la Iglesia, los cuales no quieren
ser reconocidos, pero no se puede tapar el sol con un dedo.
No
la recomiendo para ver en cine, prefiero decirle que la vea cuando
salga en televisión y, si logra llegar hasta el final, y si alguna
duda se le presenta, por favor pregutne a su sacerdote más cercano o
investigue bien en los archivos históricos de la Iglesia, existen
sitios web como la Biblioteca Apostólica Vaticana, que contienen
excelente registros al respecto.
Maiquel Yojáinder Machado Palmar, periodista / crítico de cine
Publicado
inicialmente en la revista Familia Cristiana, Digital, de la Sociedad
de San Pablo de Venezuela #SociedadDeSanPablo
en octubre de 2011

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