Uno de los más grandes clásicos de la literatura de horror es el
siempre versionado y archirrecordado conde Drácula, y en una época
en la cual el furor por lo esotérico está de moda, no está mal
para la taquilla vender una nueva versión de este personaje, pero
replanteando su historia.
Esta
nueva trama pretende ser una explicación de cómo Drácula obtuvo
sus poderes y por qué, pero para hacerlo desmerece bastante a la
obra literaria y parece querer partir de la historia de Vlad Tepes,
“el empalador”, el cual, según dicen siempre, fue el que inspiró
al irlandés Bram Stoker para su obra. Enfatizo: no hay mucha
conexión entre la obra y lo que ahí presentan, la trama sigue su
propio curso y por ello se pierde en callejones.
La
historia versa sobre Drácula, un príncipe transilvano que, ante el
avance de sus enemigos y la injusta propuesta que le hacen para
evitar que este pierda su reino, decide acudir a una misteriosa
criatura que se encuentra en una cueva de una de sus montañas. Al
llegar, la criatura se da cuenta de que en Drácula hay algo
diferente a los demás enemigos que ha enfrentado, y le somete a una
prueba de tres días, la cual Drácula deberá pasar o quedar
convertido para siempre en un vampiro.
Como
pueden ver, la historia arranca con una trama que tenía para ser
atractiva, pero a medida que avanza se hace intrascendente. Tenía
muchísimos elementos para ser mejor, pero el hilo narrativo se hace
lento, y parece que el director se hubiese conformado únicamente con
reforzar la historia con base en efectos especiales. Lo único que
parece dejar claro es que va a venir una segunda parte, y lo hace a
través de un corte tan violento entre lo que ha sido la trama de la
película, y el laxo final, que la novela queda hecha a un lado. No
espere indicios de la novela, no los encontrará, solo el nombre y
unos miligramos de la historia de Vlad Tepes para partir de algo y
rehacer la historia.
Narrativamente
hablando, es una película más, no deja mucho, no es profunda,
parece más un cómic sobre vampiros que una novela, el ritmo es
lento, pero no puedo decir que es del todo mala, sino carente de
profundidad y valor literario, y ese es el pecado que le hace ser
instrascendente. No es horrible como Yo Frankenstein, pero con
un mejor guionista, y una mejor hilación con la trama de la novela, hubiese podido dar más. Si va a verla, no espere mucho de ella, solo
es para pasar el rato y quedar avisados de que vendrá una
continuación.
Maiquel Yojáinder Machado Palmar, periodista / crítico de cine
Publicado inicialmente en la revista Familia Cristiana, Digital, de la Sociedad de San Pablo de Venezuela #SociedadDeSanPablo en octubre de 2014

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