domingo, 26 de abril de 2020

Hércules



Para los más entendidos, la mitología nació cuando el hombre empezó atribuirle personalidad a los fenómenos y fuerzas naturales, y también surgió como un intento de interpretar la realidad de los hombres primitivos. Una parte del ser toma eso para interpretar su relación con el entorno, y eso también le hizo hacerse la idea de una fuerza superior y por ende, de un dios.
Presentar una visión donde haya un hombre común que inspire una leyenda es un planteamiento a todas luces atractivo. La relación con lo divino, con lo mágico, tal vez nos haga esperar magia en nuestras vidas, y ver y percibir que los milagros son alguna clase de magia.
Lo que no me gusta, en medio de este planteamiento, es decir, el de presentarnos una visión “secular” de personaje de la mitología, es que se caiga en el otro extremo y esta visión termine por ser o rayar en lo secularista, ningún extremo es bueno.
Utilizar un planteamiento que nos lleve a reflexionar sobre lo que el hombre puede hacer sin tener una visión cuasi mágica de lo sobrenatural está bien, pero que de ahí se parta para promover la idea de que se puede vivir sin un dios está mal. Aún más, cuando la gran ironía es que, Hércules y sus acompañantes dicen no creer en un dios, ¡pero sí creían en un adivinador!
Me molesta la idea porque la insinuación es una invitación velada por completo al ateísmo, para las mentes juveniles es un mensaje velado para rebelarse contra la idea de Dios en sus vidas, y no me vengan con cuentos relativistas a decirme que exagero, lo veo cada día cuando hablo con quienes tienen diez y más años menos que yo, es decir, la idea de Dios como cuento opresor.
La película en sí, es entretenida, tiene ciertos giros imprevistos interesantes, como les dije, su principal atractivo es la desmitificación que hace de las leyendas y la propuesta a una interpretación de las historias ya desde un punto de vista más humanamente creíble.
No es una de las mejores películas que he visto, pero, considerando que para ser protagonizada por el actor básico y sin carisma Dwane Jhonson, alias La Roca, está bien, el guion hace bastante bien su parte por rescatarle. Tiene varios ascpectos interesantes: Ser mercenario o tener principios, a pesar de ser mercenario llegar a un extremo donde hay que preguntarse qué tan correcto es lo que se hace, y el mensaje nunca agotable en la prácitca de que “las apariencias engañan”.
Tenga en cuenta los aspectos que le dije, para que luego, si la discute, pueda introducir este punto en la conversación y reflexionar un poco acerca de la discusión eterna entre ser secular y no caer en el secularismo.

Maiquel Yojáinder Machado Palmar, periodista / crítico de cine
Publicado inicialmente en la revista Familia Cristiana, Digital, de la Sociedad de San Pablo de Venezuela #SociedadDeSanPablo en noviembre de 2014

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