Para los más entendidos, la mitología nació cuando el hombre
empezó atribuirle personalidad a los fenómenos y fuerzas naturales,
y también surgió como un intento de interpretar la realidad de los
hombres primitivos. Una parte del ser toma eso para interpretar su
relación con el entorno, y eso también le hizo hacerse la idea de
una fuerza superior y por ende, de un dios.
Presentar
una visión donde haya un hombre común que inspire una leyenda es un
planteamiento a todas luces atractivo. La relación con lo divino,
con lo mágico, tal vez nos haga esperar magia en nuestras vidas, y
ver y percibir que los milagros son alguna clase de magia.
Lo
que no me gusta, en medio de este planteamiento, es decir, el de
presentarnos una visión “secular” de personaje de la mitología,
es que se caiga en el otro extremo y esta visión termine por ser o
rayar en lo secularista, ningún extremo es bueno.
Utilizar
un planteamiento que nos lleve a reflexionar sobre lo que el hombre
puede hacer sin tener una visión cuasi mágica de lo sobrenatural
está bien, pero que de ahí se parta para promover la idea de que se
puede vivir sin un dios está mal. Aún más, cuando la gran ironía
es que, Hércules y sus acompañantes dicen no creer en un dios, ¡pero
sí creían en un adivinador!
Me
molesta la idea porque la insinuación es una invitación velada por
completo al ateísmo, para las mentes juveniles es un mensaje velado
para rebelarse contra la idea de Dios en sus vidas, y no me vengan
con cuentos relativistas a decirme que exagero, lo veo cada día
cuando hablo con quienes tienen diez y más años menos que yo, es
decir, la idea de Dios como cuento opresor.
La
película en sí, es entretenida, tiene ciertos giros imprevistos
interesantes, como les dije, su principal atractivo es la
desmitificación que hace de las leyendas y la propuesta a una
interpretación de las historias ya desde un punto de vista más
humanamente creíble.
No
es una de las mejores películas que he visto, pero, considerando que
para ser protagonizada por el actor básico y sin carisma Dwane
Jhonson, alias La Roca, está bien, el guion hace bastante bien su
parte por rescatarle. Tiene varios ascpectos interesantes: Ser
mercenario o tener principios, a pesar de ser mercenario llegar a un
extremo donde hay que preguntarse qué tan correcto es lo que se
hace, y el mensaje nunca agotable en la prácitca de que “las
apariencias engañan”.
Tenga
en cuenta los aspectos que le dije, para que luego, si la discute,
pueda introducir este punto en la conversación y reflexionar un poco
acerca de la discusión eterna entre ser secular y no caer en el
secularismo.
Maiquel Yojáinder Machado Palmar, periodista / crítico de cine
Publicado inicialmente en la revista Familia Cristiana, Digital, de la Sociedad de San Pablo de Venezuela #SociedadDeSanPablo en noviembre de 2014

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