martes, 21 de abril de 2020

Hotel Transylvania


Dirigida por Genndy Tartakovsky, quien es el creador de Samurai Jack, el Laboratorio de Dexter y Titán Sim-Biónico, nos llega esta historia fresca y muy a su estilo, donde los más famosos monstruos de la literatura y la historia del cine se juntan todos en un hotel.
Es, como les dije, una historia fresca y graciosa, la vi con doblaje en español, y desde hace tiempo vengo prefiriendo ver el doblaje original con subtítulos, por eso siento que me perdí de algo importante al momento de haberla visto.
Hotel Transylvania se centra principalmente en el personaje Drácula, quien al mismo tiempo que inaugura un hotel para que todos los monstruos se mantengan alejados del mundo exterior, y con el hecho de que su hija está por cumplir la mayoría de edad y desea tener contacto con el mundo exterior, aquel a quien Drácula le teme.
Como nudo principal de la trama, Drácula urde una trampa para hacer que su hija le tema a los humanos, y no desee tener contacto con el mundo exterior, pero al mismo tiempo un humano entra por accidente al hotel y Drácula lo oculta para que no ocurra una catástrofe, ya que los monstruos temen a los humanos, por todos los años de persecución que han sufrido anteriormente por ser diferentes.
Por un lado, me recordó lo que planteaba la metáfora hecha por Desmond Morris en su libro El Zoo Humano, acerca de cómo comienzan ciertos prejuicios:
Si los portadores de emblemas son tratados, sin que medie culpa alguna por su parte, como un subgrupo hostil, pronto empezarán todos a comportarse como tal. Los sociólogos han denominado a esto una "profecía de autorrealización". Ilustraré lo que sucede utilizando un ejemplo imaginario. Las etapas son éstas:
1. Mira a ese hombre de pelo verde que está pegando a un niño.
2. Ese hombre de pelo verde es malvado.
3. Todos los hombres de pelo verde son malvados.
4. Los hombres de pelo verde atacarán a cualquiera.
5. Ahí hay otro hombre de pelo verde; pégale antes de que te pegue él a ti.
(El hombre de pelo verde, que no ha hecho nada para provocar la agresión, devuelve el golpe para defenderse).
6. Ahí tienes, eso lo demuestra: los hombres de pelo verde son malvados.
7. Pega a todos los hombres de pelo verde.
Esta progresión de violencia, expresada de forma tan elemental, parece ridícula. Es, desde luego, ridícula, pero representa, no obstante, una manera real de pensar. Hasta la mente menos perspicaz puede distinguir los sofismas de las siete fases de ascendentes prejuicios de grupo que he numerado, pero esto no impide que se conviertan en realidad.
Después de que los hombres de pelo verde han sido golpeados sin motivo durante un espacio de tiempo suficiente, se convierten, como no podría menos de esperarse, en malvados. La profecía originariamente falsa se ha cumplido a sí misma y se ha convertido en una profecía verdadera.
Ésta es la sencilla historia de cómo el grupo extraño se convierte en una entidad odiada. La moraleja a extraer de ella es doble: no tengas pelo verde; pero, si lo tienes, procura que te conozcan personalmente los que no tienen pelo verde, para que se den cuenta de que no eres realmente malvado. La cuestión es que si el hombre que en un principio fue visto pegando a un niño no hubiera tenido rasgos característicos susceptibles de diferenciarle, habría sido juzgado como individuo, y no se habría producido ninguna perjudicial generalización. Sin embargo, una vez que el daño ha sido causado, la única esperanza posible de impedir una ulterior extensión de la hostilidad dentro del grupo propio debe fundarse en una relación y conocimiento personales de los otros individuos de pelo verde considerados como individuos. Si esto no sucede, entonces la hostilidad entre grupos se acentuará, y los individuos de pelo verde -incluso los que son excesivamente no violentos- sentirán la necesidad de unirse, incluso de vivir juntos, y de defenderse unos a otros. Una vez ocurrido esto, la violencia real está a la vuelta de la esquina. Habrá cada vez menos contactos entre los miembros de los dos grupos, y no tardarán en comportarse como si pertenecieran a dos tribus diferentes. Las personas de pelo verde empezarán pronto a proclamar que están orgullosas del color de sus cabellos, cuando, en realidad, no había tenido el más mínimo significado para ellas antes de que fuera singularizado como una señal especial.
La cualidad de la señal de pelo verde que la ha hecho tan potente es su visibilidad. Esto no tenía nada que ver con la verdadera personalidad.
Vino a mi mente precisamente por el planteamiento del por qué los monstruos temen a los humanos, lo que lleva a preguntarnos ¿hasta qué punto el que es diferente es malo o es víctima de un prejuicio? Por otro lado, el hecho de presentar a una humanidad que celebra las encarnaciones del mal me hizo pensar en otra gran paradoja, está bien, entiendo, no está bien ser prejuicioso con el otro, pero ¿hasta qué punto debo aceptar como cotidiano y bueno lo que en cierta forma encarna el mal? ¿Es muy complicado lo que digo? Es decir, ¿hasta qué punto está delimitada la frontera entre el hombre que teme por prejuicios, a estas criaturas que en la película aparecen como buenas, y el hombre que teme porque porque estas criaturas encarnan, si a ver vamos, el mal?
Para mí, quien más encarna la paradoja del hombre de pelo verde, por la esencia de su historia es el monstruo creado por Víctor Frankenstein, pero es “su” historia la que lo encarna no el personaje que aparece ahí el hotel, quien aparece secundario. Pero, a todo esto, yo mismo me respondo que, cuando niño vi los Munsters, los Locos Addams no me hice mucho problema, espero los niños de esta época no se los hagan tampoco.
Como les dije, me gustó, es una historia interesante, que puede hacernos reflexionar, por lo menos a mí me hizo hacerlo, por eso recomiendo verla y comentarla en familia.
Maiquel Yojáinder Machado Palmar, periodista / crítico de cine
Publicado inicialmente en la revista Familia Cristiana, Digital, de la Sociedad de San Pablo de Venezuela #SociedadDeSanPablo en diciembre de 2012

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