Dirigida por Genndy Tartakovsky, quien es el creador de Samurai Jack,
el Laboratorio de Dexter y Titán Sim-Biónico, nos llega esta
historia fresca y muy a su estilo, donde los más famosos monstruos
de la literatura y la historia del cine se juntan todos en un hotel.
Es,
como les dije, una historia fresca y graciosa, la vi con doblaje en
español, y desde hace tiempo vengo prefiriendo ver el doblaje
original con subtítulos, por eso siento que me perdí de algo
importante al momento de haberla visto.
Hotel
Transylvania se centra principalmente en el personaje Drácula, quien
al mismo tiempo que inaugura un hotel para que todos los monstruos se
mantengan alejados del mundo exterior, y con el hecho de que su hija
está por cumplir la mayoría de edad y desea tener contacto con el
mundo exterior, aquel a quien Drácula le teme.
Como
nudo principal de la trama, Drácula urde una trampa para hacer que
su hija le tema a los humanos, y no desee tener contacto con el mundo
exterior, pero al mismo tiempo un humano entra por accidente al hotel
y Drácula lo oculta para que no ocurra una catástrofe, ya que los
monstruos temen a los humanos, por todos los años de persecución
que han sufrido anteriormente por ser diferentes.
Por
un lado, me recordó lo que planteaba la metáfora hecha por Desmond
Morris en su libro El Zoo Humano, acerca de cómo comienzan
ciertos prejuicios:
Si
los portadores de emblemas son tratados, sin que medie culpa alguna
por su parte, como un subgrupo hostil, pronto empezarán todos a
comportarse como tal. Los sociólogos han denominado a esto una
"profecía de autorrealización". Ilustraré lo que sucede
utilizando un ejemplo imaginario. Las etapas son éstas:
1. Mira a ese hombre
de pelo verde que está pegando a un niño.
2. Ese hombre de
pelo verde es malvado.
3. Todos los hombres
de pelo verde son malvados.
4. Los hombres de
pelo verde atacarán a cualquiera.
5. Ahí hay otro
hombre de pelo verde; pégale antes de que te pegue él a ti.
(El hombre de pelo verde, que
no ha hecho nada para provocar la agresión, devuelve el golpe para
defenderse).
6. Ahí tienes, eso
lo demuestra: los hombres de pelo verde son malvados.
7. Pega a todos los
hombres de pelo verde.
Esta
progresión de violencia, expresada de forma tan elemental, parece
ridícula. Es, desde luego, ridícula, pero representa, no obstante,
una manera real de pensar. Hasta la mente menos perspicaz puede
distinguir los sofismas de las siete fases de ascendentes prejuicios
de grupo que he numerado, pero esto no impide que se conviertan en
realidad.
Después
de que los hombres de pelo verde han sido golpeados sin motivo
durante un espacio de tiempo suficiente, se convierten, como no
podría menos de esperarse, en malvados. La profecía originariamente
falsa se ha cumplido a sí misma y se ha convertido en una profecía
verdadera.
Ésta
es la sencilla historia de cómo el grupo extraño se convierte en
una entidad odiada. La moraleja a extraer de ella es doble: no tengas
pelo verde; pero, si lo tienes, procura que te conozcan personalmente
los que no tienen pelo verde, para que se den cuenta de que no eres
realmente malvado. La cuestión es que si el hombre que en un
principio fue visto pegando a un niño no hubiera tenido rasgos
característicos susceptibles de diferenciarle, habría sido juzgado
como individuo, y no se habría producido ninguna perjudicial
generalización. Sin embargo, una vez que el daño ha sido causado,
la única esperanza posible de impedir una ulterior extensión de la
hostilidad dentro del grupo propio debe fundarse en una relación y
conocimiento personales de los otros individuos de pelo verde
considerados como individuos. Si esto no sucede, entonces la
hostilidad entre grupos se acentuará, y los individuos de pelo verde
-incluso los que son excesivamente no violentos- sentirán la
necesidad de unirse, incluso de vivir juntos, y de defenderse unos a
otros. Una vez ocurrido esto, la violencia real está a la vuelta de
la esquina. Habrá cada vez menos contactos entre los miembros de los
dos grupos, y no tardarán en comportarse como si pertenecieran a dos
tribus diferentes. Las personas de pelo verde empezarán pronto a
proclamar que están orgullosas del color de sus cabellos, cuando, en
realidad, no había tenido el más mínimo significado para ellas
antes de que fuera singularizado como una señal especial.
La
cualidad de la señal de pelo verde que la ha hecho tan potente es su
visibilidad. Esto no tenía nada que ver con la verdadera
personalidad.
Vino
a mi mente precisamente por el planteamiento del por qué los
monstruos temen a los humanos, lo que lleva a preguntarnos ¿hasta
qué punto el que es diferente es malo o es víctima de un prejuicio?
Por otro lado, el hecho de presentar a una humanidad que celebra las
encarnaciones del mal me hizo pensar en otra gran paradoja, está
bien, entiendo, no está bien ser prejuicioso con el otro, pero
¿hasta qué punto debo aceptar como cotidiano y bueno lo que en
cierta forma encarna el mal? ¿Es muy complicado lo que digo? Es
decir, ¿hasta qué punto está delimitada la frontera entre el
hombre que teme por prejuicios, a estas criaturas que en la película
aparecen como buenas, y el hombre que teme porque porque estas
criaturas encarnan, si a ver vamos, el mal?
Para
mí, quien más encarna la paradoja del hombre de pelo verde, por la
esencia de su historia es el monstruo creado por Víctor
Frankenstein, pero es “su” historia la que lo encarna no el
personaje que aparece ahí el hotel, quien aparece secundario. Pero,
a todo esto, yo mismo me respondo que, cuando niño vi los Munsters,
los Locos Addams no me hice mucho problema, espero los niños de esta
época no se los hagan tampoco.
Como
les dije, me gustó, es una historia interesante, que puede hacernos
reflexionar, por lo menos a mí me hizo hacerlo, por eso recomiendo
verla y comentarla en familia.
Maiquel
Yojáinder Machado Palmar, periodista / crítico de cine
Publicado
inicialmente en la revista Familia Cristiana, Digital, de la Sociedad
de San Pablo de Venezuela #SociedadDeSanPablo en diciembre de 2012

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