Ralph el demoledor es una mezcla de diferentes cosas: una historia
infantil; un toque de parodia y comedia; muchos guiños y alusiones
más abiertas a juegos de video, y algunos elementos a considerar que
pueden ser sacados con pinza, por ejemplo mucha publicidad
“encubierta”.
Como
he dicho anteriormente, no me gustan los doblajes mexicanos, con
expresiones que son mexicanas, pero que ya nuestros jóvenes están
adoptando porque de que se pegan se pegan, pero que en cierta forma
no son parte todavía al 100 % de lo que somos en el resto de América
Latina, el devastador efecto de la globalización que ahora se ve
unificando por lo bajo nuestra riqueza expresiva. Lo interesante es
que en esta se notó demasiado que el doblaje fue hecho por María
Antonieta de las Nieves, porque la forma de expresarse recordaba
demasiado a la Chilindrina.
Otro
detalle a considerar: Desde que leí Los Jóvenes y el Esoterismo;
Narraciones de un Exorcista; Sectas y adolescentes; y
Los mensajes subliminales y el procesos de socializacion en los
niños, más mis clases de semiología en la Universidad, no he
vuelto a considerar muchas apariciones de algunas figuras en los
dibujos animados, ni en los juegos de vídeo, como inocentes o
inocuas, así que, la aparición de “Satán”, perdón, “Satín”
en la historia sigue no me parece una inocentada o una humorada
dentro de esto, lo dejo a consideración de cada padre el hecho de
comentar sobre la presencia de esta figura y cuán inocente puede
ser. De todas formas, a quien le parezca exagerado este punto, puede
buscar en el buscador de imágenes de Google, o más
recomendable aún el de Altavista, la categoría “subliminales
Disney” y darse cuenta de que este mundo feliz no es tan
inocente como se pinta a sí mismo.
Sigo
entonces con mi crítica: Como historia tiene un planteamiento
interesante, aunque está puesto de tal forma que se pierde entre una
rápida sucesión de subtramas y, al ser hecha principalmente para
niños, se hace en cierta forma algo simplista, es decir, el
argumento es un malo de juego de vídeos que pasa por una crisis
“existencial” en la cual se cuestiona si está llamado a hacer
siempre su papel de malo en el juego o puede hacer otra cosa en otro.
El
nudo principal de la historia se desata cuando él decide abandonar
su juego de video, lo cual hace que este colapse, puesto que al no
estar, simplemente el bueno no puede hacer su papel y el juego no
avanza, y es ahí donde empieza a notarse el valor que su papel
dentro del juego tiene.
El
protagonista, Ralp, decide entonces dar una vuelta a su destino y por
lo tanto incursiona en otros juegos con la finalidad de buscarse un
nuevo papel, o de conseguir una medalla que le permita demostrar a
todos lo bueno que es, aquí hay un punto interesante a discutir en
familia: ¿Eres bueno porque eres bueno, porque alguien te lo dice?
Si lo eres ¿tienes que demostrarlo? ¿Cómo?
A
partir de ahí la trama, como les dije, muy infantil para mi gusto y
con poca fuerza en los diálogos, desata una serie de cambios en dos
juegos, y de ahí que otros personajes intervengan para poder
reestablecer en caos que se ha desatado en cada uno de los mundos de
esos juegos.
A
medida que esto pasa Ralph se hace amigo de una niña de otro juego,
conocida como “la falla”, la cual ha sido excecrada de poder
participar en su mundo por “ser una falla”, es decir, tener un
defecto que le hace ser diferente. Creo que este es el punto
principal que le da valor a la película en sí, y con el cual muchos
niños y personas podrán sentirse identificadas: ser rechazados por
los demás por ser diferentes y la necesidad de luchar para demostrar
el propio valor y por ser tratado dignamente.
Este
punto, el de destacarte a pesar de no ser como los demás es el que
hace que la película tenga valor en sí misma (véanse historias
reales como las de Maickel Melamed, o ficticias pero con un profundo
contenido como Gattaca) y es
el que hace que valga la pena verla y discutirla en familia. Como les
digo, mi recomendación es, véanla, pero no se queden sin
discutirla, porque sino, no habrá valido la pena la ida.
Maiquel Yojáinder Machado Palmar, periodista / crítico de cine
Publicado inicialmente en la revista Familia Cristiana, Digital, de la Sociedad de San Pablo de Venezuela #SociedadDeSanPablo en enero de 2013

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