miércoles, 22 de abril de 2020

Ralph el demoledor



Ralph el demoledor es una mezcla de diferentes cosas: una historia infantil; un toque de parodia y comedia; muchos guiños y alusiones más abiertas a juegos de video, y algunos elementos a considerar que pueden ser sacados con pinza, por ejemplo mucha publicidad “encubierta”.
Como he dicho anteriormente, no me gustan los doblajes mexicanos, con expresiones que son mexicanas, pero que ya nuestros jóvenes están adoptando porque de que se pegan se pegan, pero que en cierta forma no son parte todavía al 100 % de lo que somos en el resto de América Latina, el devastador efecto de la globalización que ahora se ve unificando por lo bajo nuestra riqueza expresiva. Lo interesante es que en esta se notó demasiado que el doblaje fue hecho por María Antonieta de las Nieves, porque la forma de expresarse recordaba demasiado a la Chilindrina.
Otro detalle a considerar: Desde que leí Los Jóvenes y el Esoterismo; Narraciones de un Exorcista; Sectas y adolescentes; y Los mensajes subliminales y el procesos de socializacion en los niños, más mis clases de semiología en la Universidad, no he vuelto a considerar muchas apariciones de algunas figuras en los dibujos animados, ni en los juegos de vídeo, como inocentes o inocuas, así que, la aparición de “Satán”, perdón, “Satín” en la historia sigue no me parece una inocentada o una humorada dentro de esto, lo dejo a consideración de cada padre el hecho de comentar sobre la presencia de esta figura y cuán inocente puede ser. De todas formas, a quien le parezca exagerado este punto, puede buscar en el buscador de imágenes de Google, o más recomendable aún el de Altavista, la categoría “subliminales Disney” y darse cuenta de que este mundo feliz no es tan inocente como se pinta a sí mismo.
Sigo entonces con mi crítica: Como historia tiene un planteamiento interesante, aunque está puesto de tal forma que se pierde entre una rápida sucesión de subtramas y, al ser hecha principalmente para niños, se hace en cierta forma algo simplista, es decir, el argumento es un malo de juego de vídeos que pasa por una crisis “existencial” en la cual se cuestiona si está llamado a hacer siempre su papel de malo en el juego o puede hacer otra cosa en otro.
El nudo principal de la historia se desata cuando él decide abandonar su juego de video, lo cual hace que este colapse, puesto que al no estar, simplemente el bueno no puede hacer su papel y el juego no avanza, y es ahí donde empieza a notarse el valor que su papel dentro del juego tiene.
El protagonista, Ralp, decide entonces dar una vuelta a su destino y por lo tanto incursiona en otros juegos con la finalidad de buscarse un nuevo papel, o de conseguir una medalla que le permita demostrar a todos lo bueno que es, aquí hay un punto interesante a discutir en familia: ¿Eres bueno porque eres bueno, porque alguien te lo dice? Si lo eres ¿tienes que demostrarlo? ¿Cómo?
A partir de ahí la trama, como les dije, muy infantil para mi gusto y con poca fuerza en los diálogos, desata una serie de cambios en dos juegos, y de ahí que otros personajes intervengan para poder reestablecer en caos que se ha desatado en cada uno de los mundos de esos juegos.
A medida que esto pasa Ralph se hace amigo de una niña de otro juego, conocida como “la falla”, la cual ha sido excecrada de poder participar en su mundo por “ser una falla”, es decir, tener un defecto que le hace ser diferente. Creo que este es el punto principal que le da valor a la película en sí, y con el cual muchos niños y personas podrán sentirse identificadas: ser rechazados por los demás por ser diferentes y la necesidad de luchar para demostrar el propio valor y por ser tratado dignamente.
Este punto, el de destacarte a pesar de no ser como los demás es el que hace que la película tenga valor en sí misma (véanse historias reales como las de Maickel Melamed, o ficticias pero con un profundo contenido como Gattaca) y es el que hace que valga la pena verla y discutirla en familia. Como les digo, mi recomendación es, véanla, pero no se queden sin discutirla, porque sino, no habrá valido la pena la ida.
Maiquel Yojáinder Machado Palmar, periodista / crítico de cine

Publicado inicialmente en la revista Familia Cristiana, Digital, de la Sociedad de San Pablo de Venezuela #SociedadDeSanPablo en enero de 2013

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