domingo, 26 de abril de 2020

Lucy



Basándose en la premisa teórica ya superada desde hace largo tiempo de que “pensamos sólo con el 10 % de nuestro cerebro”: los más recientes estudios científicos que afirman basándose en ultrasonidos y monitoreos de actividad cerebral, que utilizamos diferentes zonas del cerebro para diferentes operaciones congnitivas nos llega esta trama que pudo haber sido más intelectual, pero que por quedarse en lo entretenido y comercial quedó más bien rayando en lo mediocre.
Lucy tiene varias premisas erradas en sí, se basa en planteamientos de especulación filosófica y probabilísticos no demostrables aún, que ya carecen de base sólida. Se presenta como una una pretensión de dar respuesta a la vieja premisa científica de qué pasaría si usásemos el cien por ciento de nuestras capacidades cerebrales. Obvio que si pretende ser “científica” deja de lado cualquier asomo de una respuesta teológica, más bien escatológica, y se centra en el frío mecanicismo especulativo de algunas concepciones de la filosofía o que más bien se acercan a credos de tipo hindú o gnóstico.
La protagonista se encuentra con un científico que le dice que que tal vez el propósito de la vida es “compartir el conocimiento”, es decir la información suficiente como para sobrevivir y dejar esto a las demás generaciones, si esto fuese cierto en los humanos, la premisa deja de lado la respuesta escatológica de nuestro credo: El hombre vive para Dios, el hombre encuentra el sentido de su vida en Dios, todo el universo y sus infinitas posibilidades (tal y como lo afirma el autor Paul Guerin) están a la espera de la realización del hombre porque para donde el hombre vaya va el Universo también.
San Pablo: Estimo que los sufrimientos de la vida presente no se pueden comparar con la Gloria que nos espera y que ha de manifestarse. El universo está inquieto, pues quiere ver lo que verdaderamente son los hijos de Dios. Pues si la creación está sometida a lo efímero, no es cosa suya, sino de aquel que le impuso este destino. Pero le queda la esperanza; porque el mundo creado también dejará de trabajar para el polvo, y compartirá la libertad y la gloria de los hijos de Dios. Vemos que la creación entera gime y sufre dolores de parto. Y también nosotros, aunque ya tengamos el Espíritu como un anticipo de lo que hemos de recibir, gemimos en nuestro interior mientras esperamos nuestros derechos de hijos y la redención de nuestro cuerpo (Romanos 8, 18-22).
No estoy diciendo por esto que la película tenía que ser cristiana, ojo, ni enfocarse desde ese punto de vista, sino que, la respuesta que da, su perspectiva, no es más que una respuesta fantástica que resulta en un sinsentido en sí mismo. No es el conocimiento por sí o en sí el que corrige los problemas de la humanidad, y ha sido en el nombre del conocimiento superior que se han desatado grandes masacres y limpiezas étnicas en la humanidad. No es el conocimiento, o la informacion, es lo que haces con él.
El final de la película se acerca más a una respuesta gnóstica, o quizá más a una hindú: ¡De lo irreal condúceme a lo real! ¡De las tinieblas condúceme a la luz! ¡De la muerte condúceme a la inmortalidad! (Bridharanyaka, Upanishada, 1, 3,28). ¿Qué es el absoluto? ¿Qué es el yo de todas las cosas y del ser humano individual?
Debemos venerar a Brahman como a la Verdad... Debemos venerar al Yo que consiste en mente, cuyo cuerpo es espíritu, (aliento), cuya forma es luz, cuyo yo es espacio, que cambia de forma a su antojo, cuyo pensamiento es veloz, cuya concepción es verdadera, cuya determinación es verdadera, en quien están todos los olores y los gustos, que domina en todos los puntos del horizonte, que abraza todo este [mundo], que no habla, y no tiene cuidado -como un grano de arroz o un grano de cebada, o un grano de mijo o el núcleo de un grano de mijo es esta Persona dentro de yo, dorado como una llama sin humo -más grande que el cielo, más grande que el espacio, más grande que este mundo, más grande que todas las cosas que existen. Es el Yo de la vida, es mi propio yo. Es mi yo dentro del corazón de Brahman. Cuando parta de aquí me sumergiré en él (Upanishada).
Es por ello que su final, y el desarrollo de la trama en sí me resultaron laxos y mediocres: Quitar a Dios de la vida para decir que formamos parte de todo y que estamos para compartir el conocimiento es empobrecer el sentido de la vida. Lucy va sufriendo una transformación y va dejando de lado “todo lo que le hace humana”, luego termina asimilándose en una computadora para compartir el conocimiento y terminar en todas partes.
Terminar en una integración con las computadoras obedece más a una perspectiva fría y cientificista que termina en nada. Que más bien deja la puerta abierta a la aceptación de otro tipo de concepciones obedientes más a credos panteístas, o al "transhumanismo".
Como película, me aburrió por momentos, pensé que sería mejor, que sería más intelectual, y se quedó en preferir un final tibio con un aura simplista. Espere mejor a verla en cable.
Maiquel Yojáinder Machado Palmar, periodista / crítico de cine

Publicado inicialmente en la revista Familia Cristiana, Digital, de la Sociedad de San Pablo de Venezuela #SociedadDeSanPablo en octubre de 2014

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