Basándose en la premisa teórica ya superada desde hace largo
tiempo de que “pensamos sólo con el 10 % de nuestro cerebro”: los más recientes estudios científicos que afirman basándose
en ultrasonidos y monitoreos de actividad cerebral, que utilizamos
diferentes zonas del cerebro para diferentes operaciones congnitivas
nos llega esta trama que pudo haber sido más intelectual, pero que
por quedarse en lo entretenido y comercial quedó más bien rayando
en lo mediocre.
Lucy
tiene varias premisas erradas en sí, se basa en planteamientos de
especulación filosófica y probabilísticos no demostrables aún,
que ya carecen de base sólida. Se presenta como una una pretensión
de dar respuesta a la vieja premisa científica de qué pasaría si
usásemos el cien por ciento de nuestras capacidades cerebrales.
Obvio que si pretende ser “científica” deja de lado cualquier
asomo de una respuesta teológica, más bien escatológica, y se
centra en el frío mecanicismo especulativo de algunas concepciones
de la filosofía o que más bien se acercan a credos de tipo hindú o
gnóstico.
La
protagonista se encuentra con un científico que le dice que que tal
vez el propósito de la vida es “compartir el conocimiento”, es
decir la información suficiente como para sobrevivir y dejar esto a
las demás generaciones, si esto fuese cierto en los humanos, la
premisa deja de lado la respuesta escatológica de nuestro credo: El
hombre vive para Dios, el hombre encuentra el sentido de su vida en
Dios, todo el universo y sus infinitas posibilidades (tal y como lo
afirma el autor Paul Guerin) están a la espera de la realización
del hombre porque para donde el hombre vaya va el Universo también.
San
Pablo: Estimo que los sufrimientos de la vida presente no se
pueden comparar con la Gloria que nos espera y que ha de
manifestarse. El universo está inquieto, pues quiere ver lo que
verdaderamente son los hijos de Dios. Pues si la creación está
sometida a lo efímero, no es cosa suya, sino de aquel que le impuso
este destino. Pero le queda la esperanza; porque el mundo creado
también dejará de trabajar para el polvo, y compartirá la libertad
y la gloria de los hijos de Dios. Vemos que la creación entera gime
y sufre dolores de parto. Y también nosotros, aunque ya tengamos el
Espíritu como un anticipo de lo que hemos de recibir, gemimos en
nuestro interior mientras esperamos nuestros derechos de hijos y la
redención de nuestro cuerpo (Romanos
8, 18-22).
No
estoy diciendo por esto que la película tenía que ser cristiana,
ojo, ni enfocarse desde ese punto de vista, sino que, la respuesta
que da, su perspectiva, no es más que una respuesta fantástica que
resulta en un sinsentido en sí mismo. No es el conocimiento por sí
o en sí el que corrige los problemas de la humanidad, y ha sido en
el nombre del conocimiento superior que se han desatado grandes
masacres y limpiezas étnicas en la humanidad. No es el conocimiento,
o la informacion, es lo que haces con él.
El
final de la película se acerca más a una respuesta gnóstica, o
quizá más a una hindú: ¡De lo irreal condúceme a lo real! ¡De
las tinieblas condúceme a la luz! ¡De la muerte condúceme a la
inmortalidad! (Bridharanyaka, Upanishada, 1, 3,28). ¿Qué
es el absoluto? ¿Qué es el yo de todas las cosas y del ser humano
individual?
Debemos
venerar a Brahman como a la Verdad... Debemos venerar al Yo que
consiste en mente, cuyo cuerpo es espíritu, (aliento), cuya forma es
luz, cuyo yo es espacio, que cambia de forma a su antojo, cuyo
pensamiento es veloz, cuya concepción es verdadera, cuya
determinación es verdadera, en quien están todos los olores y los
gustos, que domina en todos los puntos del horizonte, que abraza todo
este [mundo], que no
habla, y no tiene cuidado -como un grano de arroz o un grano de
cebada, o un grano de mijo o el núcleo de un grano de mijo es esta
Persona dentro de yo, dorado
como una llama sin humo -más grande que el cielo, más grande que el
espacio, más grande
que este mundo, más grande que todas las cosas que existen. Es el Yo
de la vida, es mi propio yo. Es mi yo dentro del corazón de Brahman.
Cuando parta de aquí me sumergiré en él
(Upanishada).
Es
por ello que su final, y el desarrollo de la trama en sí me
resultaron laxos y mediocres: Quitar a Dios de la vida para decir que
formamos parte de todo y que estamos para compartir el conocimiento
es empobrecer el sentido de la vida. Lucy va sufriendo una
transformación y va dejando de lado “todo lo que le hace humana”,
luego termina asimilándose en una computadora para compartir el
conocimiento y terminar en todas partes.
Terminar
en una integración con las computadoras obedece más a una
perspectiva fría y cientificista que termina en nada. Que más bien
deja la puerta abierta a la aceptación de otro tipo de concepciones
obedientes más a credos panteístas, o al "transhumanismo".
Como
película, me aburrió por momentos, pensé que sería mejor, que
sería más intelectual, y se quedó en preferir un final tibio con
un aura simplista. Espere mejor a verla en cable.
Maiquel Yojáinder Machado Palmar, periodista / crítico de cine
Publicado inicialmente en la revista Familia Cristiana, Digital, de la Sociedad de San Pablo de Venezuela #SociedadDeSanPablo en octubre de 2014

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