miércoles, 22 de abril de 2020

Oblivion



Oblivion podría ser una historia para comenzar una discusión filosófica acerca de la seguridad que nos da la rutina, de que ella muchas veces, con la seguridad que nos brinda nos da la sensación de control, y que muchos de nuestros desconciertos actuales suceden cuando se nos rompe la rutina y se nos saca de nuestra propia seguridad para confrontar otra realidad que, por ser nueva nos desconcierta.
En este mundo vivimos con ciertas “seguridades” que nos dan la sensación de control. En el caso de Oblivion la rutina empieza por un par de delegados en una misión que tienen la tarea rutinaria de mantener una estructura, y para hacer esta misión se les “borró la mente” de forma preventiva.
Esta historia nos presenta inicialmente un equipo al que se le pregunta rutinariamente si son un equipo efectivo en su misión, se le dan límites que no deben transgredir y cual ratones de laboratorio en un laberinto controlado, ejecutan su labor todos los días.
Otro momento para ser recordado es el hecho de que se planteen los limites de la vida, cuando el hombre reconoce que hay fuerzas superiores a las de él, pero que hay alguien que pretende sustituir a Dios aprovechándose de ese reconocimiento humano, y erigiéndose como un dios.
Como le digo, es una historia de la cual se puede dar una discusión interesante sobre la rutina, como historia no es especialmente impresionante ni considero sea una que voy a recordar por siglos con emoción. No digo que es una mala película, tan solo digo que es una historia interesante pero sin mayores cualidades como para hacerla trascendente como un clásico del cine.
Creo que lo que la hace intrascendente es el hecho de el cómo fue planteada, los nudos y giros de la historia pierden fuerza cuando se empiezan a encontrar unos con otros en el hilo principal en medio del espectáculo visual y los interesantes efectos especiales.
Pienso que tenía más para dar, pero como le digo, al guion le falta fuerza en algunas partes o en plantear mejor el por qué se llegó a donde se llegó en la historia. También la forma de resolver los nudos principales resulta algo floja.
Como le digo, entretiene, da pie para una discusión, pero no por la fuerza de su historia, sino por los planteamientos que tiene y que hacen que a pesar de todo, como producto comercial, pueda verse pero le elimina al mismo tiempo su trascendencia.

Maiquel Yojáinder Machado Palmar, periodista / crítico de cine
Publicado inicialmente en la revista Familia Cristiana, Digital, de la Sociedad de San Pablo de Venezuela #SociedadDeSanPablo en junio de 2013

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