Es una bonita historia, que como tal, nos habla de la necesidad que
tenemos de tener esperanza, y que muchas veces esa esperanza se basa
en cosas que no vemos, en este caso, historias típicas del “folclor”
del norte, las cuales son precisamente las que sustituyen en muchos
casos el sentido verdadero que le da el cristiano a las
celebraciones.
Había
muchas cosas interesantes: Un San Nicolás más estilizado y con
tatuajes, parecido más al llamado Espíritu de la Navidad, que
ahora está tan de moda, el hombre de arena, que por un momento
aparece su imagen en una pirámide, muy similar a la del dólar, un
hada de los dientes, y un conejo de pascua medio guerrero.
La
trama gira en torno a la aparición de un personaje muy temido por
todos los niños “el coco” quien está urdiendo un plan para
acabar con la esperanza en los niños, y como sucede siempre, tal
como también suelen desarrollar una tesis parecida al hablar de la
mitología (ver para ello
Duelo de Titanes, parte uno y parte dos), los personajes
pierden su fuerza cuando dejan de creer en ellos y el mal se impone.
Es
una historia que deja clara la necesidad de tener fe, aunque siempre
se refieren a ella como esperanza, creer en lo que no se ve, sólo
que se trata de que los niños están dejando de creer en estos
historias infantiles (en
versión muy norteamericana en su mayoría).
Aparece
un personaje “el hombre de la luna” que tiene cierto aire
misterioso, nunca se muestra como tal, y es el que designa a los
guardianes. Un interesante detalle fue que hiciesen un guiño
respecto al “Ratón Pérez”, como parte de la “división
latina”.
La
cuestión en sí es esta: es parte de la naturaleza humana la
necesidad de creer en algo, algo en lo cual se pueda basar para darle
sentido a su vida, y una base sobre la cual comenzar para darle
estabilidad. La cuestión es, ¿basamos nosotros los cristianos
nuestra esperanza en mitos como estos y en historias infantiles para
dejar de creer en la bondad? ¿Podemos o no los cristianos cambiar al
mundo presentando “la novedad del Evangelio”?
Que
si estas historias tendrán fin, no lo creo, porque son precisamente
las que generan dinero, si las festividades que allí se mencionan
tuviesen un sentido espiritual al estilo cristiano creo que no serían
fomentados por esa poderosa industria comercial que nos hace ser
consumistas y gastar dinero en nombre del mal llamado “amor”.
Si
viviésemos por ejemplo una navidad al estilo cristiano, tendría un
sentido espiritual que la enriquecería de otra manera, así que,
estas historias nunca desaparecerán, todo lo contrario, bien sabemos
que están siendo exaltadas cada vez más con la intención de
apartarnos de lo cristiano. ¿O acaso no es el Espíritu de la
Navidad una imagen que está siendo promovida por la Nueva Era?
En
conclusión: Es una historia bonita, promueve valores sobre la
esperanza, y en sí, las historias que defiende tienen también sus
valores, no he de negarlo. Vale la pena verla y comentarla en
familia. Mi mensaje como tal es este: Nuestros niños deben conocer
estas historias infantiles y tener claro que son solo eso, historias
infantiles, pero a la hora de creer y tener esperanza, deben tener
muy pero muy claro que debe estar basada en quien es Amor, el Dios
vivo y verdadero.
Maiquel
Yojáinder Machado Palmar, periodista / crítico de cine
Publicado
inicialmente en la revista Familia Cristiana, Digital, de la Sociedad
de San Pablo de Venezuela #SociedadDeSanPablo en diciembre de 2012

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