Ángeles y Demonios ¿Somos? O… ¿Nos Hacemos?
Seguramente si has pasado frente a un cine recientemente has visto
los anuncios de la película “Ángeles y Demonios” (Angels and
Demons en su original en inglés) protagonizada por Tom Hanks y
producida y dirigida por Ron Howard quienes también participaron en
el filme “El Código da Vinci”. En los Estados Unidos ya se está
exhibiendo desde la semana pasada, y en otros países si no se exhibe
ya, se hará en cuestión de semanas.
Lamentablemente, hoy en día se advierte que algo no es conveniente,
y de inmediato corre la gente a verlo. Es por eso que no quería yo
hablar de este tema. Pero por otro lado, ya comienzo a recibir
preguntas en mi consultorio en línea acerca de esta película por
parte de personas que toman con seriedad su fe y que aman a Dios
sobre todas las cosas y a la Iglesia como nuestra madre y maestra. De
tal suerte que considero que vale la pena tomar el riesgo y compartir
así mi punto de vista sobre este tema.
Este filme “Ángeles y Demonios” es una adaptación de una novela
bajo el mismo título, que fue escrita por Dan Brown, el mismo autor
que posteriormente escribiría “El Código da Vinci”, que
también fue llevado a la pantalla. Recordarás lectora, lector
querido, que el “El Código da Vinci” era una novela y una
película que atacaban fuertemente a Cristo nuestro Señor y a la
Iglesia, afirmando entre una sarta de punzantes mentiras que Cristo y
María Magdalena habían tenido un hijo a quien la Iglesia ha
mantenido en secreto. Recuerdo cómo muchos católicos preocupados
por su fe se desgastaban en analizar la novela, comprar libros que la
estudiaban y sacaban a luz sus mentiras y errores, y hasta
organizaban grupos para estudiar los errores de esta novela.
¡Cómo me insistían que hiciera yo lo mismo! Y me
recomendaban los mejores estudios sobre el tema para que los leyera
yo.
Por mi parte siempre cuestionaba a todas estas personas pues, aunque
su intención era buena, en realidad pienso que el tiempo y el dinero
que invirtieron en aprender por qué y en qué “El Código da
Vinci” estaba equivocado, lo debieron invertir en aprender cosas
importantes: mejor comprarse un buen libro de teología o tomar un
buen curso de Sagrada Escritura que gastar tiempo y dinero analizando
algo que ya todo el mundo sabía que estaba plagado de errores y
mentiras. Por mi parte, nunca compré la novela ni la leí jamás y
menos me puse a investigar por qué estaba mal.
Me bastaba con que muchos obispos recomendaran no leerla ni verla. Y
prefería dedicar mi tiempo a hacer análisis profundos de textos
sagrados que luego se convirtieron en conferencias que evangelizaron
a muchas personas. Me parece una mejor inversión del tiempo y
recursos apostólicos.
Pero el ataque a nuestro Dios y a nuestra Iglesia fue más que claro.
Y fue razón suficiente para causar la mayor irritación en muchos de
nosotros, porque amamos a Cristo y porque amamos a la Iglesia.
Antes de escribir esta novela, Dan Brown escribió como mencioné ya,
“Ángeles y Demonios”. En ella no se mete con Cristo todavía.
Era un escrito anterior a “El Código da Vinci”, pero
definitivamente el autor iba calentando motores. Porque sí se mete
fuertemente con la Iglesia. Quisiera mencionar algunos ejemplos de lo
que Dan Brown escribió en su novela, para que comiences a decidir
lectora, lector querido, si piensas ver la película o como yo,
prefieres mejor no gastar tu dinero en patrocinar a un grupo de
personas que se quieren burlar de la Iglesia.
Primeramente -y aunque me dicen quienes han caído en la tentación
de ver la cinta que esto no sale en ella-, Dan Brown presenta un papa
-aunque ficticio, un papa ni más ni menos- que engendra un hijo con
una monja mediante una inseminación artificial.
También se mete con dos papas verdaderos: Pinta al papa Pío IX como
un desviado sexual que se dedicó a eliminar las partes masculinas de
las obras de arte porque de lo contrario se podría incitar a la
lujuria en el Vaticano. Pero en la realidad, Pío IX, en vez de ir
caminando por el Vaticano con su martillo en mano, golpeando las
estatuas masculinas entre las piernas, en realidad apoyó
pródigamente las artes y premió a los artistas por sus
contribuciones. Es también conocido por haber renovado las pinturas
en el Vaticano por lo que queda claro que era un amante del arte.
Del Papa Urbano VIII, Dan Brown dice en “Ángeles y Demonios” que
rechazó al gran Bernini y a su obra maestra “El Éxtasis de Santa
Teresa” (obra que juega un papel central en la novela y en la
película) por considerarla una obra sexualmente explícita. Y al
hacerlo pone Dan Brown en boca del papa palabras verdaderamente
vulgares para referirse a esta supuesta sexualidad explícita
en la obra. Pero en realidad, como afirman los biógrafos, el papa
Urbano VIII fue uno de los patrocinadores de la obra de Bernini,
quien además era su amigo, y quien construyó obras tan magníficas
en el Vaticano como el imponente baldaquino del altar de la Basílica
de San Pedro y las columnas que se extienden como dos brazos en la
Plaza de San Pedro.
¿Qué necesidad tenía Dan Brown de meterse con dos Papas históricos
y en un tono tan vulgar? En realidad esto me basta para no encontrar
razón alguna que justifique desear leer tal novela o ver tal
película.
Brown refiere también una serie de mentiras sobre Galileo y su
cuestión con la Iglesia. Y quizás lo más relevante, la acusación
que incluso sirve como propaganda para promover la película por
televisión, de que “la Iglesia persiguió despiadadamente a un
grupo secreto conocido como los Illuminati siglos atrás, y
que incluso ordenó una masacre brutal para silenciarlos para
siempre. Ellos han vuelto por la revancha.” Algo
totalmente falso. Pero veladamente, al promover la película con ese
slogan, los promotores de la película arremeten una y otra
vez arremeten contra la Iglesia cada vez que el anuncio se exhibe por
televisión.
Podríamos continuar por páginas analizando esta novela y la
película, pero caeríamos en el mismo juego en el que no quise que
cayéramos cuando “El Código da Vinci”. Por ello no voy a seguir
con más detalles. Por si acaso, y para que no pienses amable lector,
lectora, que soy contradictorio recomendando no leer la novela pero
leyéndola yo, en realidad no lo hice. La información abunda en la
internet y puede uno enterarse de la trama y de lo esencial o de los
detalles que uno necesite. Simplemente recopilé información de
fuentes confiables para poder escribir este comentario.
En cuanto a la película, no la voy a ver. Y te exhorto
vehementemente a que no la veas. Es más que evidente que todas estas
personas no tienen ningún respeto por la Iglesia ni por Cristo. Ya
lo demostraron más claro que el agua con “El Código da Vinci”.
Creo que los ejemplos que he referido sobre “Ángeles y Demonios”
son más que claros. Entonces, ¿Por qué tú y yo tenemos que
patrocinar con dinero de nuestro bolsillo a este grupo de personas
que se burlan de nuestro Dios y de nuestra Iglesia? A mí me ofende
seriamente su audaz impertinencia. Por supuesto que no les voy a dar
un centavo.
Ahora bien, hay muchos que dicen que también se ofenden... ¡Y de
todas formas van a ver la película! Peor aún, hay quienes me
dijeron cuando se exhibía “El Código da Vinci" que iban al
cine sólo para ver hasta dónde puede llegar alguien ofendiendo a
Cristo y la Iglesia. ¡Por Dios santo! Eso no se llama interés. Eso,
aquí y en China, se llama morbo. ¡Morbo! Si amas a la Iglesia y
terminas yendo a ver esta película y a contribuir a hinchar los
bolsillos de este impertinente grupo de personas, es simplemente
porque el morbo te sometió! Acaso si alguien escribiera una
novela donde dijera cosas ficticias, pero terribles acerca d tus
padres o hermanos, y luego filmaran una película ¿Irías a verla?
Lo dudo mucho, porque te sentirías ofendido y dolido, por ficticia
que fuera la historia.
Entonces... Cuestiónate. ¿Cuánto amas realmente a la Iglesia? ¿Qué
te motiva a leer este tipo de novelas? ¿O a ver estas películas?
¿Somos? O ¿Nos hacemos?
Debemos tener bien claro que por el pecado original, padecemos la
concupiscencia, tú y yo. Y por ello estamos propensos a cometer
actos equivocados. Hay tres tipos de concupiscencia: la jactancia de
las riquezas, la concupiscencia de la carne y... la concupiscencia de
los ojos, que consiste justamente en el deseo desordenado de querer
ver lo que no debemos ver, de querer conocer lo que no debemos saber.
Sé consciente de esto.
Tomémonos a pecho nuestra Iglesia. No dejemos que cualquier cretino
nos la insulte. Porque al hacerlo insulta a la cabeza que es
Cristo e insulta a su cuerpo al cual pertenecemos tú y yo.
Obispos de diferentes diócesis ya están pidiendo que la gente se
abstenga de ver la película. Yo pretendo hacerles caso. ¿Y tú?
Al principio comentaba que lamentablemente hoy en día basta una
recomendación para no hacer algo para que la gente salga corriendo a
hacerlo. Pero insisto: Si nos decimos verdaderamente católicos, ¿qué
tenemos que hacer leyendo esta novela y viendo esta película?
¿Somos? O… ¿Nos hacemos?
Mauricio
I. Pérez

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