sábado, 18 de abril de 2020

Percy Jackson y el ladrón del Rayo


Percy Jackson y el ladrón del Rayo


Debo decir que, como católico me amargó un poco la tarde, y no fue, créanme porque es una mala película, si no porque me hizo pensar en lo que nosotros como católicos estamos dejando de hacer y lo que no estamos haciendo para ser más pedagógicos al momento de ayudar a un joven a encontrarle sentido a su vida.
¿Por qué digo esto? Percy Jackson y el ladrón del Rayo es una historia que actualiza magistralmente las ya trilladas historias sobre la mitología griega, y claro está, si para los mormones Estados Unidos representa la Nueva Jerusalén, para esta película Estados Unidos es el Nuevo Olimpo.
Empecemos por esto... El protagonista es un joven adolescente con bastantes problemas en su vida diaria, suficientes como para sentirse miserable de manera permanente: su madre vive con un borracho machista; es disléxico; su mejor amigo es un “lisiado”; se siente miserable e incomprendido; no conoció a su verdadero padre; y no le encuentra sentido a la vida, hasta que algo cambia.
Ese “algo” que cambia, es precisamente lo que empezó a amargarme la tarde: El joven descubre que es el hijo de un dios, que siempre ha estado pendiente de él, aunque no de la forma en la cual él esperaba (¿Hay alguna película, que haga que un joven adolescente sienta orgullo de ser un bautizado, y por lo tanto reconocido oficialmente como un hijo de Dios? ¿Una que le diga lo maravilloso que es abandonarse a la Providencia Divina? ¿Orgulloso de ser un hijo de Dios?). Su amigo “lisiado” termina mostrándole por qué no debemos subestimar a nadie, y eso sin hacer reflexiones sentimentaloides que pretenden ser moralizantes, ni inyectarle culpabilidad a nadie sobre el tema de los minusválidos y la forma de ayudarles.
En la vida de ese joven hay muchos cambios interesantes, todo en medio de amenas actualizaciones de las historias mitológicas, que, a mi modo de ver, son una excelente herramienta pedagógica que suscita el interés por la mitología.
Es una trama adolescente, habla de la edad en la que muchos nos sentimos verdaderamente infelices por todo lo que nos pasa, en la cual estamos buscando nuestro lugar en el mundo y a veces sin mucho tiempo para detenernos a reflexionar. En cuanto a su relación con su madre: él termina descubriendo la capacidad que tienen las madres de hacer sacrificios por los hijos, al punto de apartarse y renunciar a ellos para dejar que puedan realizarse como personas.
También hay lugares comunes del cine: cuando le entregan un arma y él se queja porque le parece un aparato insignificante, el hecho de que se “rechace” la posibilidad de tener un mejor destino o la misión que se debe tomar, queriendo vivir la vida que se vive.
Me encantó la interpretación de la sexy Uma Thurman como Medusa, admito que por una u otra causa me hubiese quedado tieso al verla, es que lo sexy no se le quita ni con esas culebras que tenía en la cabeza.
Percy Jackson me hizo pensar, como católico, en la necesidad de una película que muestre a los adolescentes de hoy la importancia y el valor de ser cristiano, sin caer en sentimentalismos ni prédicas estúpidamente moralizantes, ojalá y el Señor nos conceda otra película que nos haga sentir eso, y que no sea tan exageradamente sanguinaria como “La Pasión de Cristo”.
Maiquel Yojáinder Machado Palmar. Periodista / crítico de cine
 Publicado inicialmente en la revista Familia Cristiana, Digital, de la Sociedad de San Pablo de Venezuela, en marzo de 2010  

No hay comentarios:

Publicar un comentario