sábado, 18 de abril de 2020

Rescate en el metro 123


Rescate en el metro 123


Debo comenzar por decir que, en el caso de Jhon Travolta, tenía tiempo sin hacer buenas películas, tal como Kevin Bacon (o Kevin Tocineta, como le digo yo), que resultan ser actores reconocidos y recordados pero que tienen largos períodos sin pegar en una buena.
Rescate en el metro 123 (The Taking of Pelham 1 2 3), es una película de acción y suspenso casi en tiempo real, cuyo mayor enganche es precisamente, que todos los que actúan deben hacerlo bajo presión, así que la línea in crescendo es bastante bien lograda.
Es interesante el planteamiento, ¿qué pasaría en tu vida si un día alguien rompiese tu rutina y te pusiese en la situación de tomar decisiones que comprometen la vida de otros? Y eso se plantea en medio del trasfondo de los oscuros propósitos de los secuestradores, los cuales se van aclarando cuando se desarrolla la trama.
Otro mensaje a tomar en cuenta, es el que constantemente repetía el negociador de la policía, no caer en el juego del otro, no permitir que te saque de tu centro, algo bastante difícil de hacer en momentos de presión.
La trama plantea un punto que considero nos llama a una reflexión como católicos y como cristianos, y es que, tal y como lo decía San Vicente de Lerins: El diablo también cita las escrituras para su conveniencia. Y en el caso de la película: El protagonista le dice, como información importante a la gente especializada en negociación, que creía que el perpetrador principal es católico, porque habla de términos que sólo usan los católicos. Se debe aclarar en este punto que, no por el hecho de conocer los términos del catolicismo, o la Biblia de cabo a rabo se es católico, si el perpetrador fuese un verdadero católico, no habría siquiera pensado en el robo.
En dado caso, se hablaría de un hombre que conoce muy superficialmente nuestra religión, que es lo que pasa con la mayoría de los que se cambian al protestantismo, que no conocen a su madre, la Iglesia Católica a plenitud, ni han tenido (en muchos casos por dejadez de sus propios hermanos en la fe) un encuentro personal con Cristo en la Iglesia, ni conocen el por qué de ser católico
Otro elemento destacable es el juego de apariencias: un hombre que en el principio de la película tiene una facha estereotipo de pandillero, resulta ser un hombre altamente profesional, y otro que es, en apariencia honesto, resulta admitiendo que cometió un error, por aparentemente justificables razones, de esos que rompen la delgada línea entre lo que nos hace cuestionables, y mancha para siempre nuestra reputación, y destruyen lo que nos hace ser ejemplares para muchos.
Se plantea también la necesidad de dar a alguien la oportunidad de redimirse por haber actuado bien, luego de un error, el final, que por supuesto no le contaré, deja sobreentendido que sí lo logró.
Otra cosa que hace salir de la línea común de las películas sobre grandes asaltos es, como ya le comenté, la forma de perpetrar el crimen, el motivo de fondo, que contiene un grado de crítica social acerca de cómo están interrelacionados los hechos que cometemos y cómo pueden ocasionar reacciones tales como terminar siendo un circo que genere dividendos en negocios de dinero, y popularidad en la política. Tampoco nos hacen sentir ninguna clase de complicidad con los perpetradores o nos resaltan su astucia. Considero entonces, que es una de las películas de Travolta que logran redimir su carrera, y que resultan una opción buena para ir a entretenerse, no para desestresarse yendo a verlas.
Maiquel Yojáinder Machado Palmar
Periodista/Crítico de cine
Publicado inicialmente en la revista católica Familia Cristiana, Digital de octubre de 2009

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