La rutina y la desidia son
los carceleros del alma.
Rafael
Hernampérez
Llegó
el capítulo final del gran fenómeno cinematográfico llamado
“Shrek”. Una última entrega que ahora sí promete que, una vez
terminada, el ogro verde será feliz (y feo) por siempre, como
siempre nos han anunciado en su final los cuentos de hadas
La
trama de este último capítulo nos dice mucho sobre una de los más
grandes asesinos y enemigos de la vida del ser humano: “la rutina”.
En cuanto a la rutina en el matrimonio, Leonardo Boff nos dice:
“...Tal
vez el matrimonio nos sirva de ilustración. Todo empieza con el
enamoramiento, la pasión y la idealización del amor eterno, lo que
lleva a querer vivir juntos. Es la experiencia de estar feliz. Pero,
con el pasar del tiempo, el amor intenso cede el paso a la rutina y a
la reproducción de un mismo tipo de relaciones con su desgaste
natural.
Ante
esta situación, normal en una relación a dos, hay que aprender a
dialogar, a tolerar, a renunciar y a cultivar la ternura sin la cual
el amor se extenúa hasta convertirse en indiferencia. Aquí es donde
la persona puede ser feliz o infeliz”.
Todo
comienza con un Shrek que llega a sentirse descontento porque la
rutina se ha apoderado de su vida, lo cual por un momento le hace
desear vivir de nuevo su vida anterior, en la cual era un ogro
temido. Debido a esta ansia, termina siendo víctima de
Rumpelstinskin, otro famoso personaje de los cuentos de hadas, quien
bajo un engaño hace que el ogro verde pierda todo lo que ama, y como
siempre sucede, nunca se sabe lo que se tiene hasta que se pierde, y
es ahí donde se da cuenta de lo feliz que es y lo que era sin
saberlo, y lo que debe hacer para mantener viva la llama del amor en
su matrimonio.
En
esta entrega debe empezar de cero, reconquistar al amor de su vida,
recuperar a sus amigos, luchar por un mundo mejor, y en medio de eso,
logra divertir a sus espectadores. Lo cual, a mi modo de ver está
bastante bien logrado.
Nunca
dejaré de repetirlo, odio los doblajes mexicanos, odio que se
deforme el lenguaje y se inculquen en nuestros niños las
empobrecedoras expresiones de otras latitudes, que además de afear
el idioma destruyen parte de nuestra identidad y forma de ser. Esta
clase de doblajes y la escritura abreviada que se utiliza en los
mensajes de texto están dañando severamente nuestro idioma, lo
están uniformando por lo bajo.
Sin
ánimos de caer en la discriminación y en juicios a nadie, lo digo
más por el hecho de que supuestamente es una película para todas
las edades, el hecho de poner personajes con rasgos afeminados o
abiertamente homosexuales ¿no resulta un tanto incómodo? ¿Soy el
único que se siente incómodo por esto? Digo, porque hay niños
viendo esto, y a la larga esto queda grabado en sus mentes flexibles.
Es
una película para ver y discutir en familia, sobre todo para hablar
de las situaciones que se presentan cuando se cae presa de la rutina,
bien sabemos que ya es casi imposible hablar de las verdades de la
vida a los niños y preservarlos en su estado de “inocencia”, es
mejor hablarles de todo, incluyendo temas como la homosexualidad y
las drogas lo más temprano que sea posible y tratar de que asuman
una actitud cristiana de no juzgar pero estar preparados para esto.
Maiquel
Yojáinder Machado Palmar, periodista / crítico de cine
Publicado inicialmente en la revista Familia Cristiana, Digital,
de la Sociedad de San Pablo de Venezuela, en agosto de 2010, y re-publicado en http://cuartodia.org/Revista-descarga/filesmensuales/2010%20-%2011%20Nov-Dic.pdf

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