sábado, 18 de abril de 2020

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Anunciada con bombos y platillos, con una larga campaña que hablaba de impresionantes efectos especiales, jamás antes vistos creó una expectativa inmensa, así que, esta vez fui con la determinación de ser inclemente al analizarla, y si me decepcionaba, ser extremadamente duro. No puedo decir que cambió mi mida, pero sí que me gustó, y mucho.
Empiezo por decir, que, a pesar de haberla visto en su versión normal y no en 3D, es visualmente impactante. La mezcla fisionómica entre los indígenas norteamericanos y los africanos es interesante. Los paisajes un tanto psicodélicos son geniales, y la forma sutil de justificar las escenas, con las características de la naturaleza, para sorprender luego al espectador, también.
Por una casualidad del destino fui a verla con un sociólogo que conozco, y él dejó escapar esta frase que me interesa retratar: “Me gusta porque trató el tema del etnocentrismo”, es decir, según lo que averigüé luego en la Wikipedia: acto de ver y analizar al mundo de acuerdo con los parámetros de la cultura propia. El etnocentrismo suele implicar la creencia de que la propia raza o grupo étnico sea la más importante, o que algunos o todos los aspectos de la cultura propia sean superiores a los de otras.
Aclarado ya lo que es el “etnocentrismo” podemos decir que es el mensaje principal de la trama, y la necesidad de entender y respetar al otro y lo que este considera como sagrado. El respeto por la naturaleza, el valor que tiene para los nativos de cualquier pueblo, la necesidad de preservarla por encima de cualquier interés económico, estuvo también presente.
Otra frase que me gustó fue la siguiente: “A los ecónomos no les gusta que se hable de atropellos, pero les gusta menos un informe en números rojos”. Lo cual habla de los siempre poderosos intereses que hacen que se cometan muchísimas injusticias que muchas veces no salen nunca a la luz pública.
En la película se presenta a los nativos de “Pandora” (los Na'vi) como unos seres espirituales, en especial conexión con su naturaleza circundante, y es debido a esta “espiritualidad” ritualmente hablando muy parecida a la de los indígenas y al vudú, es como ellos pueden entrar en contacto con su diosa madre, la naturaleza de aquél planeta, y esta, en diferentes momentos, asume un rol participativo dentro de la trama.
En medio de las invocaciones, las plegarias Na'vi son atendidas de una u otra forma, en especial en un momento difícil, y luego de haber sido víctimas de un ataque dirigido a desmoralizarlos. Ellos, a pesar de su debilidad, supieron invocar a su diosa y ella les ofreció una ayuda. Es un poderoso mensaje para quienes nos hacemos llamar cristianos, y que, al momento de vernos sumidos en las dificultades, terminamos dejando a un lado a Dios, simplemente porque no nos complace tal como se lo pedimos.
Y como dice el dicho “a veces la realidad supera a la ficción” conviene entonces, recordar, como cristianos, que aún en la actualidad se siguen viendo tragedias como estas, con personajes reales, de carne y hueso como nosotros, y que necesitan siempre de alguien que les haga conocer a Cristo y su mensaje, para que puedan sobrevivir como pueblo y tener un mejor futuro.
Vaya entonces a verla, y recuerde, dura casi tres horas, así que, tenga esto en cuenta por si tiene alguna clase de compromiso posterior.
Maiquel Yojáinder Machado Palmar, periodista / crítico de cine
Publicada inicialmente en la revista católica Familia Cristiana, Digital, de la Sociedad de San Pablo de Venezuela, en enero de 2010 y publicado también en http://historico.cpalsj.org/avatar-en-cartelera/

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