No me gustó... pensé que iba a ser mejor y terminó siendo una
historia aburrida, con insípidos efectos especiales, muy similar a
Día de la Independencia pero con una dosis cuádruple de
patrioterismo norteamericano.
Un
general de los marines retirado, (el
mismo actor que hizo “Dos Caras” en Batman el caballero de la
noche), quien cometió errores en combate que le hicieron
perder algunos hombres, se ve, en el mismo lapso en que le anuncian
su retiro, de nuevo inserto en un batallón, y bajo el mando de
alguien mucho más joven que él y sin experiencia, yendo a combatir
a los alienígenas que estaban invadiendo al mundo.
Al
igual que en Día de la Independencia, los alienígenas no llegaron
con buenas intenciones, sino que al parecer querían robarnos nuestra
agua. Por lo tanto, querían colonizar. Según un “experto” de la
propia película, la ley de la colonización es esa, llegar y acabar
con los nativos de una civilización para imponerse ellos (similar a
Día de la Independencia, sólo que el presidente no sale en
esta).
Como
dije, el soldado maravilla irá a Los Ángeles a dar la cara y
combatir, en una zona donde se supone hay civiles en una estación de
policía. Es en ese lapso donde cada vez más se pone más y más
patriota la cosa, y ahí es donde el general retirado demuestra que
es un hombre patriota, por encima de todo egoísmo personal.
Como
era de esperarse, el hombre logra reivindicar su imagen, y no solo
eso, sino que a pesar de haberlo hecho, vuelve a la carga para seguir
sudando nobleza (a cada rato me preguntaba ¿cómo hacía para que
cupiese tanta nobleza en tan pequeño cuerpo?). Vuelve al combate y,
bueno, no me gusta contar los finales, sólo diré que es similar a
Día de la Independencia, pero con final un tanto abierto y
esperanzador.
Si
quiere ir a verla, vaya, pero como siempre suelo hacer en estos
casos, le recomiendo que si tiene otra opción vea la otra y espere
ver esta por televisión, cuando tenga la posibilidad de cambiarla
si, al igual que a mí, le aburre cuando la está viendo. Como le
dije, los efectos visuales son insípidos, así que no lamentará
usted no verla en cine, puesto que, eso sí debo reconocerlo, Día
de la Independencia sí lograba impactar visualmente y sí valía
la pena verla en cine, al menos por sus efectos especiales.
Maiquel Yojáinder
Machado Palmar, periodista / crítico de cine
Publicado
inicialmente en la revista Familia Cristiana, Digital, de la Sociedad
de San Pablo de Venezuela #SociedadDeSanPablo
en abril de 2011

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