domingo, 19 de abril de 2020

Muerte en Alto Contraste



Izquierda (trasnochadísima) en Alto Contraste, debió haber sido el nombre real de la película. De verdad que tenía para dar, el guión era sólido, y las figuras que en él actúan eran de primera, pero lamentablemente se quedó en ser una historia para, como vulgarmente se dice “tirar púas”.
Muerte en Alto Contraste narra la historia de un joven a quien, en la década de los ochenta, le matan sus padres, por estar en la selva, formando parte de la guerrilla, y defender los ideales de izquierda (¿mártires?). Los ejecutores son una brigada especial llamada “Grupo La Onza”, el cual, perpetuó grandes golpes al narcotráfico en aquél tiempo, pero luego se corrompió y todos sus miembros terminaron metidos en negocios turbios.
Hay un supuesto bueno, que al final es malo, quien aparece metido varias veces metido en una iglesia, dando signos de aparente devoción, resulta que al final ese malo tan malo termina diciendo “yo estaba del lado de los demócratas” y su contraparte, el bueno, le dice: “que yo sepa tú siempre has estado de tu bando”.
El bueno de la película, es un policía que decide tomar la justicia por su mano, y ataca entonces en las acciones que hace a los miembros de este grupo, ahora corruptos, y mientras tanto cuece una historia de amor con la hija de uno de los malos. El cual, por cierto, estaba siempre rodeado de guardaespaldas que, de una u otra forma, recordaban a los malos de la película “Cocodrilo Dundee, 2”.
Hay un periodista que como personaje da un vago sabor a esos periodistas de las series norteamericanas, en especial las de cómics, que siempre están buscando una historia que les catapulte a la fama.
Ahora cuando se habla más que nunca de la necesidad de una lucha contra el crimen, se representa a un grupo de los ochenta que se corrompió, uno de los malos usa una fundación “como mampara de sus negocios turbios”, es decir, cuando ahora se habla de las ONG, y todos ellos terminaron siendo ejecutivos.
Para terminar el redondeo, la historia da a entender que los malos siguen, y por lo tanto el protagonista debe “desaparecer” por un tiempo, es decir, algo así como un “cuidado señores” que los corruptos de cuello blanco (y no son de izquierda, ni se les ocurra pensar eso) siguen haciendo de las suyas.
No me gustó, el guión daba para más, y detesto que haya estado tan cargada de ideologías trasnochadas y de gente que vive de hacerse la víctima, pero no tiene más respuesta para la necesidad espiritual del hombre que poner el icono de un guerrillero sanguinarios muerto, de otras latitudes.
Maiquel Yojáinder Machado Palmar, periodista / crítico de cine
Publicado inicialmente en la revista Familia Cristiana, Digital, de la Sociedad de San Pablo de Venezuela, en diciembre de 2010

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