Luego de varios títulos que hacen pensar positivamente sobre el cine
venezolano, tales como La Hora Cero, Hermano y las Caras del Diablo,
nos llega una que echa abajo lo que estas han hecho. Somnífera y
patética son los dos primero adjetivos que se me ocurren para
calificar esta producción.
Me
pasé, junto con otros expectadores que estaban detrás de mí, y que
hablaban entre sí de cuando en cuando (cosa que no se debe hacer en
un cine, por respeto a los demás), preguntándome a dónde quería
llegar la película.
Decían
en los tráilers que hacía un recorrido por impresionantes
escenarios de Venezuela: No voy a negar que salen algunos paisajes
bonitos, pero en sí parecía más una recorrido documental sobre las
villas hechas a los damnificados, no sé si para demostrar que sí
hay casas hechas, que, ante la queja de que las dieron sin servicios,
hubo una escena donde había varias personas desvalijando tuberías
de esas casas.
Había
elementos de religiosidad popular que rayaban más con lo
supersticioso que con lo religioso, hubo dos mujeres que cantaban
“San Juan hizo lo que Dios no podía” ¿Lo que Dios no podía?
Apareció por unos cuantos segundos la imagen de este niño con
lentes y pistola venerado por algunos malandros.
El
argumento de la trama era muy similar a la de aquella serie llamada
Marcos, en la que un niño se la pasa buscando a su mamá, sólo que
versión marginal, y con un final que está entre lo cursi y lo
ridículamente cursi. No sé si fue que le dieron ese final para que
no les acusasen de plagio en cuanto a la serie. Lo que sí sé es que
una parte de mí le dio la razón a la supuesta mamá del chico, por
haber abandonado a su esposo: Era un hombre marginal (marginal no es
lo mismo que pobre), sin ninguna clase de deseo de superación, y con
una actitud sosa y pusilánime ante la vida.
Otro
elemento, que es el que la el nombre a la trama, que también imagino
que lo hicieron para diferenciarse de la serie Marcos, es que el niño
inventaba una historia diferente sobre su mamá cada vez que le
preguntaban, lo que nunca quedó claro es ¿por qué lo hacía? No sé
si era para hacer más llorona y conmovedora la trama.
Luego
de haber sentido que perdí mi dinero y mi tiempo habiendo ido a
verla, no me atrevo a decirle que vaya usted y la vea, como siempre,
eso se lo dejo a su libertad de escoger y de diferir de mi criterio,
nunca he dicho que tengo la verdad absoluta en mis juicios.
Maiquel
Yojáinder Machado Palmar, periodista / crítico de cine
Publicado
inicialmente en la revista Familia Cristiana, Digital, de la Sociedad
de San Pablo de Venezuela, en febrero de 2011

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