domingo, 19 de abril de 2020

El chico que miente



Luego de varios títulos que hacen pensar positivamente sobre el cine venezolano, tales como La Hora Cero, Hermano y las Caras del Diablo, nos llega una que echa abajo lo que estas han hecho. Somnífera y patética son los dos primero adjetivos que se me ocurren para calificar esta producción.
Me pasé, junto con otros expectadores que estaban detrás de mí, y que hablaban entre sí de cuando en cuando (cosa que no se debe hacer en un cine, por respeto a los demás), preguntándome a dónde quería llegar la película.
Decían en los tráilers que hacía un recorrido por impresionantes escenarios de Venezuela: No voy a negar que salen algunos paisajes bonitos, pero en sí parecía más una recorrido documental sobre las villas hechas a los damnificados, no sé si para demostrar que sí hay casas hechas, que, ante la queja de que las dieron sin servicios, hubo una escena donde había varias personas desvalijando tuberías de esas casas.
Había elementos de religiosidad popular que rayaban más con lo supersticioso que con lo religioso, hubo dos mujeres que cantaban “San Juan hizo lo que Dios no podía” ¿Lo que Dios no podía? Apareció por unos cuantos segundos la imagen de este niño con lentes y pistola venerado por algunos malandros.
El argumento de la trama era muy similar a la de aquella serie llamada Marcos, en la que un niño se la pasa buscando a su mamá, sólo que versión marginal, y con un final que está entre lo cursi y lo ridículamente cursi. No sé si fue que le dieron ese final para que no les acusasen de plagio en cuanto a la serie. Lo que sí sé es que una parte de mí le dio la razón a la supuesta mamá del chico, por haber abandonado a su esposo: Era un hombre marginal (marginal no es lo mismo que pobre), sin ninguna clase de deseo de superación, y con una actitud sosa y pusilánime ante la vida.
Otro elemento, que es el que la el nombre a la trama, que también imagino que lo hicieron para diferenciarse de la serie Marcos, es que el niño inventaba una historia diferente sobre su mamá cada vez que le preguntaban, lo que nunca quedó claro es ¿por qué lo hacía? No sé si era para hacer más llorona y conmovedora la trama.
Luego de haber sentido que perdí mi dinero y mi tiempo habiendo ido a verla, no me atrevo a decirle que vaya usted y la vea, como siempre, eso se lo dejo a su libertad de escoger y de diferir de mi criterio, nunca he dicho que tengo la verdad absoluta en mis juicios.
Maiquel Yojáinder Machado Palmar, periodista / crítico de cine
Publicado inicialmente en la revista Familia Cristiana, Digital, de la Sociedad de San Pablo de Venezuela, en febrero de 2011

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