Lo primero que debo decir es que me sorprendió por ser una película
cargada de símbolos y expresiones religiosas, bien o mal empleadas,
es lo de menos, pero de que los contiene, los contiene. Un cementerio
lleno de cruces, una estrella de cinco puntas, una “visión
profética”, vocablos como “epifanía”, la pregunta por el
¿quién soy? Y simbología de búsqueda del camino interior e
incluso de la “redención”.
Lo
segundo a decir es que es una historia interesante, con una buena
carga de humor, no puede negarse esto. Tiene mucho a ofrecer en
cuanto a su lado semiológico, puesto que desde un principio me
transmitió la sensación de que nada de ahí está puesto por azar.
Trata
cuestiones como “el valor del agua” y los recursos naturales, la
búsqueda de la identidad, el ¿quién soy? El hecho de fingir que se
es alguien para enmascararnos. Un aspecto a tratar que me pareció
interesante fue el cómo se trató la parte del asomo ritualista y
supersticioso de los pobladores de la trama de la película al
momento de buscar su sustento para vivir, algo que te hace pensar en
lo que haces comúnmente para conseguir las cosas, ¿acaso no hay
muchos que caen en cosas como esas y hasta peores.
La
confianza es otro elemento a tomar en cuenta, quienes confían en
alguien, muchas veces con actitud caudillista, que quiere lucir o
verse como la esperanza de los demás, y termina luego siendo un
fraude o empeorando las cosas.
La
relación entre quien está y hace un aparente “daño” pero con
su presencia evita un mal mayor, y quien hace daño pero se presenta
como quien hace el bien, y luego hace más daño que quien estaba
antes está también en la historia. Es interesante estar atentos a
cuales personajes reflejan esta realidad.
El
cómo el progreso destruye la naturaleza tambié se hace visible,
pero de una forma muy secundaria, sin embargo está presente.
Es
para la familia, me gustó, creo que no se arrepentirán de ir a
verla.
Maiquel Yojáinder
Machado Palmar, periodista / crítico de cine
Publicado
inicialmente en la revista Familia Cristiana, Digital, de la Sociedad
de San Pablo de Venezuela, en marzo de 2011

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