sábado, 18 de abril de 2020

Hada por accidente


“Hada por accidente”


Hada por accidente (Tooth Fairy) es una historia con un nudo clásico en cuanto a su trama: un tipo “rudo” que termina viéndose involucrado por una u otra razón en la obligación de cuidar niños. Ya hemos visto caracterizaciones de ese tipo con actores somo Arnold Swarzenegger, Vin Diesel, etc. Sin embargo, tiene elementos que hacen que valga la pena ir a verla en familia.
El “hada de los dientes”, en este caso, es un “rudo” jugador de jockey, famoso por sacar los dientes de todos los oponentes a quienes les toca bloquear en el juego, y por ello es reconocido por sus seguidores. Detrás de esta fachada de “duro” hay un “matasueños” que en un supuesto “realismo” enmascara su pesimismo, el cual trata de inculcar en sus seguidores más pequeños.
Lo principal que hace para “matar” los sueños de los niños, es negar la existencia de la magia. Debido a esta abierta negación es confrontado por seres del mundo de la fantasía, quienes para hacerle entender la importancia de hacer que los niños puedan soñar, creer en fantasías y que hay algo más que la realidad en la que vivimos, lo castigan haciendo que cumpla por una semana el trabajo de una verdadera “hada de los dientes”.
En el transcurso de la trama el “duro” deja entrever que en el fondo es un ser inseguro, incapaz de permitirse soñar, por inseguridad en sí mismo y temor, que empieza a verse amenazado con ser desplazado por alguien mucho más joven que él, y que le echa en cara la posibilidad de hacerlo.
Se deja ver también que la supuesta dureza en el juego del “hada de los dientes” viene de nueve años sin triunfos auténticos, ante lo cual decidió convertirse en un antihéroe, y tal verdad tiene que concienciarla, en una escena clave, delante de alguien que empieza a verle como un guía.
Entonces el “rudo” debe verse, al mismo tiempo que le pasa esto de ser un hado, como posible padre; guía de sus fans; persona que no ha decidido su vida; amigo, y debe también renunciar a su pose de “duro” para poder salir adelante con su cometido. Termina dándose cuenta de que puede cumplir lo que le han encomendado desde lo que es él, que no se le pidió que cambiase radicalmente dejando de ser quien es, si no que sólo le corresponde hacer lo que tiene que hacer y darse la oportunidad de servir al otro.
Cuando empieza a servir, y renuncia a su pose de hombre rudo, se da cuenta de que no sólo es su vida la que mejora, también puede mejorar la de los demás, puede ayudarles a soñar, a dar más de lo que dan, puede ayudarles a creer que las cosas pueden cambiar, incluso ayudar a quienes debían por obligación ayudarle.
El nudo final se da cuando él debe tomar decisiones, entre ellas romper ciertas reglas y requisitos. Esto me recordó aquél dicho zen que dice: El respeto nos dice cuándo obedecer las leyes, y el amor cuándo debemos romperlas”.
Creo que es una película para ver en familia, para poder discutirla al final y preguntar a cada niño su parecer sobre la actitud asumida por cada personaje, para hablar sobre sus enseñanzas y lo que más les gustó de ella.
Aunque la actuación de “La Roca” es un tanto desabrida y el doblaje mexicano, ni el título en español, según mi parecer corresponden a la caracterización, “Hada por Accidente” dejará a sus niños una importante lección de superación.
Maiquel Yojáinder Machado Palmar, periodista /crítico de cine
Publicada inicialmente en la revista de la Sociedad de San Pablo de Venezuela, "Familia Cristiana, Digital". en febrero de 2010

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