“Hada por accidente”
Hada
por accidente (Tooth Fairy) es una historia con un nudo
clásico en cuanto a su trama: un tipo “rudo” que termina
viéndose involucrado por una u otra razón en la obligación de
cuidar niños. Ya hemos visto caracterizaciones de ese tipo con
actores somo Arnold Swarzenegger, Vin Diesel, etc. Sin embargo,
tiene elementos que hacen que valga la pena ir a verla en familia.
El
“hada de los dientes”, en este caso, es un “rudo” jugador de
jockey, famoso por sacar los dientes de todos los oponentes a quienes
les toca bloquear en el juego, y por ello es reconocido por sus
seguidores. Detrás de esta fachada de “duro” hay un “matasueños”
que en un supuesto “realismo” enmascara su pesimismo, el cual
trata de inculcar en sus seguidores más pequeños.
Lo
principal que hace para “matar” los sueños de los niños, es
negar la existencia de la magia. Debido a esta abierta negación es
confrontado por seres del mundo de la fantasía, quienes para hacerle
entender la importancia de hacer que los niños puedan soñar, creer
en fantasías y que hay algo más que la realidad en la que vivimos,
lo castigan haciendo que cumpla por una semana el trabajo de una
verdadera “hada de los dientes”.
En
el transcurso de la trama el “duro” deja entrever que en el fondo
es un ser inseguro, incapaz de permitirse soñar, por inseguridad en
sí mismo y temor, que empieza a verse amenazado con ser desplazado
por alguien mucho más joven que él, y que le echa en cara la
posibilidad de hacerlo.
Se
deja ver también que la supuesta dureza en el juego del “hada de
los dientes” viene de nueve años sin triunfos auténticos, ante lo
cual decidió convertirse en un antihéroe, y tal verdad tiene que
concienciarla, en una escena clave, delante de alguien que empieza a
verle como un guía.
Entonces
el “rudo” debe verse, al mismo tiempo que le pasa esto de ser un
hado, como posible padre; guía de sus fans; persona que no ha
decidido su vida; amigo, y debe también renunciar a su pose de
“duro” para poder salir adelante con su cometido. Termina dándose
cuenta de que puede cumplir lo que le han encomendado desde lo que es
él, que no se le pidió que cambiase radicalmente dejando de ser
quien es, si no que sólo le corresponde hacer lo que tiene que hacer
y darse la oportunidad de servir al otro.
Cuando
empieza a servir, y renuncia a su pose de hombre rudo, se da cuenta
de que no sólo es su vida la que mejora, también puede mejorar la
de los demás, puede ayudarles a soñar, a dar más de lo que dan,
puede ayudarles a creer que las cosas pueden cambiar, incluso ayudar
a quienes debían por obligación ayudarle.
El
nudo final se da cuando él debe tomar decisiones, entre ellas romper
ciertas reglas y requisitos. Esto me recordó aquél dicho zen que
dice: El respeto nos dice cuándo obedecer las leyes, y el amor
cuándo debemos romperlas”.
Creo
que es una película para ver en familia, para poder discutirla al
final y preguntar a cada niño su parecer sobre la actitud asumida
por cada personaje, para hablar sobre sus enseñanzas y lo que más
les gustó de ella.
Aunque
la actuación de “La Roca” es un tanto desabrida y el doblaje
mexicano, ni el título en español, según mi parecer corresponden a
la caracterización, “Hada por Accidente” dejará a sus niños
una importante lección de superación.
Maiquel
Yojáinder Machado Palmar, periodista /crítico de cine
Publicada inicialmente en la revista de la Sociedad de San Pablo de Venezuela, "Familia Cristiana, Digital". en febrero de 2010

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