sábado, 18 de abril de 2020

Invictus


Invictus

Invictus: Clint, no todo lo decide el rugby | 5 Septiembre
Pocas películas resultan ser un bálsamo de esperanza en los tiempos actuales, de crisis y polarización, que se viven hoy y que son males capaces de dejar huellas profundas y hereditarias: Invictus, es una película basada en la historia de Nélson Mandela, un luchador por la paz de África, una historia de la vida real. No es una película que deje sin mover alguna fibra interna en sus espectadores.
Es increíble ver cómo este personaje logra dar ejemplos de entereza, de superación del rencor, mensajes que reflejan bastante las enseñanzas de Jesús en el Evangelio. Literalmente erizó mi piel la escena en la cual este presidente ingresó por primera vez a ocupar su cargo y habló con todos los empleados de la administración anterior, quienes, por cierto, lo mínimo que estaban esperando era su despido inmediato por ser “blancos”.
Interasantísimo ver el juego estratégico de un presidente preocupado por subsanar las heridas raciales de su país, los años de odio acumulado, y el hecho de tener que lidiar, principalmente con quienes creyeron que por ser Mandela un presidente negro les había llegado su hora de la venganza y/o de la reivindicación.
Así como en el pasado, las competencias deportivas se usaron como medio pacífico de dirimir algunas disputas y evitar guerras entre pueblos, el deporte vuelve a ser en África un modo para subsanar heridas y convertirse en medio de unificación.
Mandela es presentado como un presidente humano, amante de la paz, deseoso de promover la unidad, por encima de los rencores, punto en el cual consigue reticencias, y desconfianzas de los “suyos” y de los “otros”. Es por ello el título “Invictus”, es decir, un poema que le ayudó a mantenerse en pie en los momentos en los cuales necesitaba de la esperanza para sobrevivir, en especial en los años que pasó en la cárcel..
El presidente supo poner su esperanza en un deportista, hijo de padres racistas, a quien encomendó la tarea de dar lo mejo de sí, de ser un “invicto”, para ayudar a promover un sentimiento de amor a su nación. A pesar de que se centra en un juego deportivo, lo importante no es el perder ni el ganar, si no la necesidad de ayudar a cambiar las cosas para bien.
Invictus es un tema actual, un tema que debe llevarnos a reflexionar sobre los modelos de liderazgo que están presentes en la escena política y la clase de modelos que deben emerger para poder superar las crisis y los problemas de la actualidad (1 Timoteo 2, 1-3).
No se quede sin verla, es una película que literalmente puede darle elementos para cambiar su vida.
Maiquel Yojáinder Machado Palmar, periodista / Crítico de cine.
Publicado inicialmente en la revista Familia Cristiana, Digital, de la sociedad de San Pablo de Venezuela, en febrero de 2010 y citada en http://historico.cpalsj.org/invictus-etc/

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