domingo, 19 de abril de 2020

Sólomon Kane, cazador de demonios



Teología distorsionada, o versión extremadamente libre de la teología, fue lo que se me ocurrió para empezar la crítica de esta película. Solomon Kane, cazador de demonios, es una película “medieval” de un pirata corsario que, antes de perpetrar un robo tiene un encuentro con la muerte, como personaje, quien le dice que tiene planes para él, y quiere llevárselo, es decir, un hombre que huye de la muerte.
En esta primera huída, decide entrar en un monasterio, de donde por supuesto lo echan (más porque la trama tenía que avanzar que por la certeza de los argumentos que ahí le dan), para luego iniciar una errante peregrinación y encontrar cuál es su destino.
El elemento religioso, como pueden ver, se deja ver desde un principio, pero suena más a esas historias propias de la mitolgía celta o de las leyendas inglesas que a algún contenido propiamente cristiano, algo así (ojo que sólo es un ejemplo) como si hubiesen puesto a un samurai a recorrer el mundo con una patineta para cazar buitres, perdón, pero no se me ocurre otro ejemplo.
Las coreografías de pelea aunadas con la musiquita de fondo eran propias del héroe que va a ganar, pero se veían demasiado fingidas y el héroe en cuestión se veía demasiado autosuficiente. El personaje sorpresa, es decir, el enmascarado fue rápidamente descubierto por un amigo que me acompañó al cine, claro, un minuto antes que yo, puesto que les juro que me habría dado cuenta, era demasiado obvio.
Entiendo que la trama exigía que el hombre fuese echado del monasterio, la trama debía continuar, pero que pongan a Dios como un ser que quiere que alguien recurra a la violencia para encontrar su destino de ser un “cazador de demonios” (que por cierto, no es tampoco un título muy ajustado a la trama), no me cuadra mucho. Dios es amor, y punto, y Jesús jamás recurrió a la violencia.
Los efectos especiales fueron más que todo computarizados, la ambientación y la fotografía eran interesantes, más me sigue pareciendo que es una historia a la que le falta gancho o que debió haber sido contada de otra manera.
Si me preguntan, digo que es regular a mala, y que es mejor esperar a verla en cable, cuando se tiene el control en la mano y no para lamentarse por lo que se paga de entrada.
Maiquel Yojáinder Machado Palmar, periodista / crítico de cine
Publicado inicialmente en la revista Familia Cristiana, Digital, de la Sociedad de San Pablo de Venezuela, en diciembre de 2010

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